La Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno, María Santísima de las Lágrimas y San Juan Evangelista realizó estación de penitencia el pasado Viernes Santo por las calles de Marchena. Partiendo de su sede en la Parroquia de San Miguel Arcángel, inicia su recorrido durante la Madrugá, es decir a las 6 de la mañana, en silencio, sin nazarenos ni centuria ni banda, sólo con los costaleros de promesa y acompañantes. A las 10 se realiza el Mandato en la Plaza Ducal, donde se realiza una interpretación escenográfica de la Pasión, que incluye el sermón del ángel, las tres caídas y la Verónica. Tras este acto se inicia el cortejo al completo con la incorporación de los cuerpos de nazarenos, la centuria romana y las bandas que acompañan a los pasos procesionales.
Nuestro Padre Jesús Nazareno, el «Señor de Marchena», es una imagen anónima de finales del siglo XVI (1580-1600), y vestía este año su tradicional túnica de Ariza, y recuperaba una estética propia del siglo XX con un monte de claveles rojos y hojas verdes. Cuenta con la Centuria Romana Nuestro Padre Jesús Nazareno y Nuestra Señora del Carmen Marchena-Paradas, con una banda de romanos uniformados y un cuerpo de romanos armados a pie y a caballo, éstos últimos no muy habituales en procesiones de Semana Santa en general.
San Juan Evangelista, «el discípulo amado», es un paso «cantera», donde los jóvenes de la hermandad practican y aprenden para formar parte en el futuro de los capataces y costaleros de los pasos mayores. Es el tramo del grupo joven, incluyendo los «paveros», que son los más pequeños con cestas (la palabra «pavero» proviene de la persona que guía a los pavos, como haría un pastor con las ovejas, siendo éste un trabajo difícil como se puede imaginar, intentando guiar a niños tan pequeños sin que se alboroten). El paso de San Juan Evangelista iba acompañado por la Agrupación Musical Carlos III de la Carlota (Córdoba).
María Santísima de las Lágrimas es una obra de estilo barroco perteneciente a la escuela sevillana, realizada por el escultor Manuel Gutiérrez Cano en 1860. Simboliza el dolor de la Virgen al encontrarse con su hijo cargado con la cruz en el camino hacia el Calvario. Este año ha estrenado una saya color púrpura bordada con las letanías de la Virgen, realizada por José Librero en su taller de Coria del Río y donada por un devoto. También lucía un peto del siglo XIX proveniente de Francia, y se ha modificado la disposición de la candelería, incluyendo cirios pintados a mano por Antonio Pliego con motivos marianos y el anagrama de María. Se utilizaron rosas blancas en lugar de las tradicionales de color rosa. Le acompañaba la Asociación Musical AMUECI de Écija (Sevilla).










